En la última aparición, octubre de 1917, la Virgen María dijo por fin su nombre: “Soy la Señora del Rosario”, y volvió a insistir en su recomendación: “Sigan rezando el rosario todos los días".

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Invitación al cumpleaños de María Santísima...

Los pájaros cantan desde los árboles más altos. Las flores se abalanzan sobre el aire saturándolo de aromas simples. El cielo abraza al mundo en un horizonte no tan lejano. ¿Por qué me parece que la naturaleza es un grito silencioso de esperanzas nuevas?

+ Porque es el cumpleaños de María Santísima- recuerda a mi alma la voz fuerte y serena del Ángel Gabriel.

- ¡Ay! Torpe de mí, que lo he olvidado- y es otro olvido que se suma a tantos... Éstos son los olvidos que van poniendo gris el alma.

+ No desesperes, amiga- Sonríe Gabriel, para que recuerde que la misericordia de Dios me envuelve y protege cuando más la imploro.- No desesperes, pues aún tienes tiempo de llegar a la gran fiesta.

- ¿Fiesta?¿Acaso en la parroquia....?

+ No te hablo de esas fiestas, sino de la que el Espíritu Santo prepara cada año para su fidelísima esposa.

- ¡Ah! Pero, amigo ¿Cómo voy yo a asistir a semejante fiesta? No, no soy digna...

Gabriel queda en silencio. Busca palabras y gestos para llegar a mi corazón.

+ Verás. El cumpleaños de María es, en el Reino Celestial, una muy hermosa fiesta. Todos los ángeles suspiramos de amor por el nacimiento de la Llena de Gracia. Todos los jardines eternos se inundan de canto: ¡Salve, Salve María!. La Santísima Trinidad se dispone a regalarle lo que más desea su corazón de Madre: Una gran mesa rodeada de todos sus hijos, precedida por Jesús... Y cuando digo “todos” significa “todos”.

- O sea que... yo...¿Podría asistir?

+ Claro que sí. Tu Madre te espera. No estaría completa sin ti. No estará completa si falta solo uno de sus hijos.

- Y ¿ Cómo llego?¿Cuál es el camino?.

+ El camino, amiga, parte de tu corazón. Nace de un sincero deseo de acercarse a Ella. Recuerda que puede ver tu corazón y conoce tus intenciones.

- Gracias, amigo. Pediré al Señor aumente mi fe y mi amor y me dé la gracia necesaria para desear estar siempre en la preciosa compañía de mi Madre. Pero aún no comprendo cómo llegaré al banquete, ni cómo he de ir presentada, ni cuáles regalos puedo llevar.

+ Es muy importante tu pregunta, por lo que la responderé por partes. Primero me preguntas dónde. Mira, la mejor de las madres jamás se aparta del mejor de los hijos. ¿Dónde hallas al Hijo?

- Pues.. en la Eucaristía. ¡Claro! Allí es el banquete. ¡La Santa Misa! ¡La tenía tan cerca y no me daba cuenta!. Entonces.. compartiremos los hermanos “el manjar más codiciado, este pan angelical” como dice esa canción que tanto me gusta. Gracias amigo por ayudarme a comprender.

+ También me preguntabas acerca de cómo ir presentada. Es un punto muy importante. ¿Cómo irá tu alma al banquete? Recuerda que el mismo Jesús te espera en el confesionario. Allí serás preparada adecuadamente para tan precioso momento. En cuanto a los presentes que puedes llevar a tu Madre ¿Cuál crees que le agradará más?
Me quedo en silencio. El mejor presente para María bien lo conozco. Pero temo no tenerlo en buenas condiciones.

- Creo, Gabriel, que el mejor regalo para ella es darle mi corazón, mi vida, todo mi ser, para que ella me conduzca a los brazos de su Hijo.

+ Así es... Mas no olvides que tu corazón debe ir acompañado constantemente de la oración, una oración que es un diálogo hermoso con “quien sabes que te ama”, como bien ha conocido Santa Teresa. Así, te acercarás a ella con el alma plena de agradecimiento. Cuánto más sincero sea tu agradecimiento más pronto llegará a su Inmaculado Corazón. Después, ofrécele tu corazón así como está. Con llagas y dolores, con tristezas y preguntas, con la sencilla alegría de tus días. Ella lo tomará gustosa, lo protegerá con sus delicadas manos y, con sus besos purísimos, curará todas sus llagas.

+ Luego... luego dile cuánto la amas. Díselo por todas las veces que no se lo dijiste. Díselo por todos los que no pudieron decírselo. Díselo también por todos los que no supieron. Ella se alegrará y sentirás su abrazo en las profundidades de tu alma. Más, no te inquietes si pasea su mirada por los bancos vacíos de la Parroquia. Quédate en silencio junto a Ella, para hacerle compañía. Seguro te contará que, en su fiesta soñada, cada hijo estaría en su banco... en el sitio que Ella le ha cuidado amorosamente.

+ Te dirá que los espera todos los días, que les ve caminar por la vida entre alegrías y tristezas, soledades y compañía, certezas y dudas. María quisiera decirles cuánto les ama, por eso les esperará siempre junto a los bancos vacíos.


El ángel Gabriel y yo nos quedamos en silencio un rato. El corazón nos viaja por el mundo contemplando los sitios que quedan vacíos en tantas misas. No soy juez de nadie, pues ni siquiera puedo recordar los motivos por los que, mi propio sitio, muchísimas veces estuvo vacío. Sé que, en cada lugar vacío hay un dolor, una soledad, una distancia...

Gabriel se va alejando entre las flores y los naranjos del patio de mi casa. Me queda en el alma el recuerdo de este momento. De su invitación al cumpleaños de María.
Tomo papel y lápiz. Transformo en letras los sentimientos que me desbordan el corazón.

Te dejo este relato, María querida, como un regalo más en tu cumpleaños. También lo mandaré a mis amigos, quizás le llegue al del banco vacío, como un simple recordatorio de que hay un lugar en el mundo que tiene su nombre, que no puede ser ocupado más que por él. Un lugar en el que le espera su Madre Celestial para abrazarle, consolarle y amarle, como nadie lo ha hecho jamás.

Feliz cumpleaños, Madre querida, te abraza tu hija, la que muchas veces te dejó esperando... la que buscaba la paz y la felicidad por otros caminos. La que no sabía que tu tenías mil regalos perfumados, esperándola, en silencio, junto a un banco vacío.




NOTA de la autora: "Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna."

domingo, 11 de septiembre de 2011

María, Señora de Misericordia

Ha caído en mis manos una pequeña historia de la Merced, y me hace ilusión dedicar este mensaje de hoy a la Virgen de la Merced, un nombre y una advocación tan bellos de María, la que se apareció a San Pedro Nolasco, la que sostuvo a San Ramón Nonato y liberó a tantos cautivos. La llamaron de la Merced por haber usado de la máxima caridad con sus hijos más necesitados.

Hay que trasladarse a la Europa de principios del siglo doce. El mar Mediterráneo estaba infestado de corsarios turcos y sarracenos, musulmanes fanáticos que asaltaban las embarcaciones, descendían en las costas, arrasaban casas y pueblos enteros, robaban, asesinaban, y, lo peor de todo, se llevaban cristianos al norte de Africa para venderlos como esclavos y hacerles apostatar de la fe. Ante la impotencia de las naciones cristianas, será la Virgen María, --la de siempre, la que es el Auxilio de los Cristianos--, quien intervenga, con mano suave, pero firme, y con corazón de Madre.

A un comerciante rico de Barcelona le preguntan ansiosos sus familiares y amigos:
- Pero, ¿qué estás haciendo, con eso de vender todos tus negocios y enseñar a ese grupo de muchachos a hacer lo mismo? ¿A qué viene el meterse en esas embarcaciones de moros con tanto peligro?
Y Pedro Nolasco, sin miedo ninguno, responde a todos:
- Nada. ¿Quieren ustedes venir también a rescatar de la morería a los cristianos que están esclavos? Necesito más voluntarios.

Ahora interviene la Virgen. Era la noche del 1 al 2 de Agosto de 1218. Estaba Pedro Nolasco en oración, cuando aparecen los primeros destellos de una luz celestial. Y empiezan a verse ángeles y más ángeles, que vienen rodeando a una Señora hermosísima, la cual le sonríe amorosa, y le dice:
- Lo que estás haciendo agrada mucho a Dios. No te desanimes. Yo te encargo ahora que fundes una Orden religiosa. Tus compañeros, imitando a mi Hijo Jesús, se entregarán a la salvación de sus hermanos, si es preciso hasta dándose en prenda por su rescate. Yo estaré con vosotros.
Pedro Nolasco no duda de la presencia de María, y comunica la visión al rey Don Jaime y al consejero real San Raimundo de Peñafort, los cuales hablan con el Obispo, que se queda pasmado:
- Pero, ¿es verdad lo que me dicen? Si es así, yo pongo el habito a esos valientes.
Con la protección de María y la misión del Obispo, Pedro Nolasco y sus compañeros se lanzan a una empresa sin igual.

Pronto se les agrega Ramón Nonato, valiente como ninguno. Se ordena de sacerdote, y marcha al norte del Africa a rescatar cautivos. Lo da todo, se queda sin un centavo, y se pregunta:
- ¿Y qué hago ahora?
El amor es ingenioso, y le dicta una resolución heroica. No pudiendo rescatar más esclavos, porque ya no tiene un centavo, se presenta decidido ante aquel dueño:
- Aquí me tiene. Me vendo como esclavo. ¿Cuánto paga por mí?
El rico no suelta dinero, y le ofrece con desdén:
- La libertad de otro esclavo.
- ¡Aceptado!...
Y, al convertirse Ramón en esclavo, se da con ardor a predicar a los otros cautivos la fe cristiana. Pero sus nuevos dueños, para que no hable más, le cierran la boca con un candado. Ocho meses dura su cautiverio y su martirio.

Al llegar el dinero para su rescate, es liberado y devuelto a España. En Barcelona se le hace un recibimiento triunfal. Y el Papa Gregorio IX le llama para hacerlo Cardenal, aunque muere apenas inicia el camino hacia Roma.

Bonita historia, que tanto nos dice hoy. Mientras haya hombres, hermanos nuestros, esclavos de otros hombres, que los tiranizan injustamente, siempre la Virgen de la Merced tendrá una palabra para ellos.

Mientras haya hombres, hermanos nuestros, que se han hecho ellos mismos cautivos de un vicio cualquiera, la Virgen tendrá para ellos un latido de su corazón maternal.

Mientras haya una sola persona que sufre, la Virgen tendrá que desempeñar su oficio de liberadora del dolor.

Son cautivos --justa o injustamente, para nosotros es igual-- tantos presos, que, en las cárceles de nuestros países, no tienen condiciones de vida dignas de una persona humana.

Son cautivos de la sociedad tantos niños que pululan desarrapados por nuestras calles, ladronzuelos en tan tierna edad, sin hogar, sin escuela, sin esperanza de un puesto digno entre la ciudadanía.
Son cautivas tantas mujeres, que no acaban de liberarse de las mil esclavitudes a que se han visto sujetas durante siglos, y que esperan liberación.

Son cautivas tantas personas en su propio hogar, cuando en él falta el amor, y falla el marido o falla la esposa y madre, convirtiendo la casa en una cárcel o poco menos.

Nosotros somos cautivos de nosotros mismos cuando no acabamos de romper lazos --fuertes como sogas o finos como hilos de seda-- que nos impiden volar libres hacia Dios.

¡Virgen de la Merced, ya ves que aún te queda algo que hacer en el mundo! Aún hay muchos esclavos que gimen entre cadenas y encerrados en prisiones tenebrosas. Si quieres liberar a tus hijos cautivos, sirviéndote de nosotros, aquí nos tienes, instrumentos fieles en tus manos de Madre.
Autor: Pedro García, Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net

miércoles, 7 de septiembre de 2011

CUENTOS PARA NIÑOS - UN ROSARIO ENCONTRADO EN EL BOSQUE

Aquel bosque había sido siempre muy atrayente. Sus árboles centenarios, cuyas hojas filtraban los rayos del sol, y su ambiente de misterio creaban el escenario perfecto para las diversiones de los niños de la aldea, amantes de la aventura. Era habitual, sobre todo en vacaciones o los fines de semana, verlos correr por todas partes y perderse entre las sombras de la vegetación, mientras de lejos se escuchaba resonar su alegre griterío.
Allí se habían refugiado, durante la guerra, los soldados de la retaguardia. Por eso, no era raro encontrar casquillos de bala, restos de pólvora o plomo y otros pertrechos, lo que para los niños hacía de ese lugar un sitio aún más fascinante.
Un día, un par de amigos —Mario y Alejandro— se encontraban paseando entre los árboles en busca de algo nuevo. Habían sido compañeros en la escuela y siempre pasaban juntos las vacaciones. El primero todavía vivía en la aldea, pero el otro se había mudado con su familia a la capital. Andaban conversando animadamente sobre cuál sería el futuro de cada uno. Después de todo, ya estaban terminando los estudios secundarios y quizá no volverían a encontrarse.
— Yo voy a ser médico, dijo Alejandro. Me estoy aplicando para entrar en la Universidad. Quiero ayudar a la gente. Me conmovió ver cómo sufrían los soldados durante la guerra por no tener a un doctor que les auxiliara.
Y tú, ¿ya te has decidido?
— Todavía no..., le respondió Mario.
— ¡Pero bueno! Si ya estás terminando el instituto. Tendrás que tomar una determinación.
— A mí también me gustaría elegir una profesión que ayudara a las personas, pero la Medicina no me atrae

Andaban despacio y la conversación iba alcanzado un clima de reflexión.
De pronto, se fijaron que algo brillaba en un arbusto e instintivamente ambos aceleraron el paso. Era un rosario de madera, desgastado por el uso, cuya cruz de metal relucía a la luz del sol.
 
— ¡Mira, es un rosario!, exclamó Mario, mientras lo cogía y besaba su crucifijo.
— ¡Va, si es un rosario ordinario!, le retrucó Alejandro.
— Un rosario, por muy simple que sea, nunca es ordinario, le reprendió su amigo. Debemos buscar a su dueño, porque tiene que estar muy triste por haberlo perdido.
Alejandro intentaba disuadirlo, pues la aldea no era tan pequeña… y además que podría pertenecer a uno de los miles de soldados que por allí habían pasado durante la guerra. Mario decidió entonces llevarlo a la ermita que estaba en el centro del bosque y depositarlo a los pies de una imagen de la Virgen. Quién sabe si el que lo había extraviado no iría a buscarlo ahí.
Cuando llegaron a la ermita, Mario le pidió a su amigo que entrara con él para que juntos rezaran a María Santísima, como siempre lo habían hecho, pero Alejandro no quiso acompañarle. Prefirió esperarle afuera, contemplando… las maravillas de la naturaleza.
Habían pasado cinco minutos desde que Mario había entrado.
Quince minutos. ¡Media hora! ¡Y no daba la impresión de que fuera a salir…!
Alejandro estaba impaciente y se preguntaba qué estaría haciendo tanto tiempo dentro de la ermita.
Finalmente, apareció. Y venía sonriendo, como iluminado.
— ¿Pero qué te ha pasado? ¿Por qué has tardado tanto?
— Ya he decidido lo que voy a ser: sacerdote.
— ¿Cómo? ¿Qué ideas son esas?
— Sí, tú serás médico de cuerpos y yo médico de almas. Hoy he visto claramente, delante de 

Nuestra Señora, cuál sería mi vocación y le he pedido que me ayude a entrar enseguida en el seminario y me transforme en un sacerdote santo.
Alejandro no se atrevió a decir nada más. Regresaron a casa de Mario y cuando se acabaron las vacaciones cada cual siguió su camino: aquel entró en la Facultad de Medicina y éste ingresó en el Seminario Diocesano. Ambos perdieron la pista uno del otro.
Veinte años habían pasado cuando el padre Mario fue designado capellán del Hospital Modelo de la capital.
Allí se encontró con su antiguo amigo, ahora un renombrado médico y cirujano. Había progresado mucho profesionalmente, pero infelizmente se preocupaba tan sólo con asuntos prácticos, sin darle importancia a la vida espiritual. 

Un día, el sacerdote y el doctor se encontraron en la habitación de un pobre enfermo que no paraba de quejarse. Tras examinarle, el médico le dijo que no entendía el motivo de aquellos lamentos. La enfermedad estaba remitiendo y no existía una causa orgánica para los dolores que parecía le atormentaban.
— ¡Ay, ay! ¡Ay, doctor! Me voy a morir… y no tendré salvación, repetía el enfermo, angustiado.
El sacerdote se acercó para intentar animarle, exhortándole a que tuviera confianza en la Madre de Dios. Y le invitó a que rezaran juntos el Rosario.
— ¡No me hable de rosarios!
— Pero, ¿por qué? No hay una criatura más dulce y bondadosa que María…
El pobre hombre le contó su historia. Unos veinte años atrás había sido soldado en la guerra. Antes de salir de casa, su madre le había dado un rosario y le hizo que le prometiera que lo llevaría siempre encima y lo rezaría diariamente. El militar atendió aquel pedido durante un tiempo, pero no pudo resistir las burlas de sus compañeros y al pasar por un bosque cercano a una aldea tiró el rosario entre los arbustos.
Desde entonces la conciencia le pesaba enormemente y no se sentía digno de rezar a la Virgen, ni de mirar siquiera a una imagen suya.
El sacerdote y el médico se miraron estupefactos. El lugar del que hablaba era la aldea de su infancia y el rosario ¡el que se habían encontrado!
El padre Mario sacó un rosario de madera de su bolsillo y se lo entregó al enfermo, diciéndole:
— Pues mire, ¡aquí está su rosario!
Si María ha querido que le fuera devuelto, es porque quería manifestarle su perdón.
La fisonomía del enfermo se iluminó. Entonces el sacerdote le contó la escena que ocurrió hacía veinte años atrás y cómo su vocación se la debía a aquel rosario que guardaba de recuerdo por la gracia recibida, y con el que rezaba todos los días.
El doctor oía al padre Mario, bañado en lágrimas. Dándose cuenta de lo mucho que se había alejado de Dios, se preguntaba: “¿De qué sirve ser un gran profesional a costa de dejar abandonada su propia alma?”.
Médico y paciente quisieron confesarse y recuperar la paz. El viejo soldado en poco tiempo recibió el alta y salió del hospital. Y el Dr. Alejandro y el P. Mario aún trabajaron juntos durante muchos años, en plena armonía: uno curaba el cuerpo y el otro llevaba la salud al alma.
 

sábado, 3 de septiembre de 2011

INVITACION CADENA DE ORACION



Hola a todos;

Yo siempre me he considerado mariana pues en mi corazón hay un gran amor por nuestra madre la Virgen María, ella siempre me ha demostrado su amor y cuidados, y se cuando ella me llama, por este motivo yo cree este blog, en honor a ella y para que todos sus hijos encontráramos un rayo de luz que nos recuerde que nuestra madre esta con nosotros, son muchos los pedidos que llegan al blog y yo soy feliz de ofrecerlos a nuestra mamita para que ella interceda por nosotros.

Hace unas semanas en mi corazón nació las ganas de investigar sobre María Rosa Mística, siempre he sido devota de la Virgen de Fátima y siempre hago el rosario a diario, para pedir por todos, y al terminar mi investigación me di cuenta que lo que mas desea nuestra madre es que oremos, ella nos pide incasablemente que hagamos oración y penitencia.

Por este motivo compre la imagen de María Rosa Mística, se que la que compre no es como la que pintan, pero fue esta imagen la que me transmitió amor y paz, y quiero invitarlos a todos ustedes ha hacer una cadena de oración desde sus hogares a la Rosa Mística, hagamos el rosario a ella y pidamos por nuestros hermanos, para que encuentren el camino, por la salud de los enfermos y ofrezcamos esos malos momentos que pasamos no importa lo pequeños que estos sean como sacrificio a Dios nuestro señor.

No olvidemos que nuestra madre ruega por nosotros, acompañémosla en su oración, abriéndole nuestro corazón y de esta manera dejarnos guiar al corazón de nuestros señor Jesucristo.

Si deseas puedes hacer la cadena de oración junto a toda tu familia, amigos y seres queridos.
Que Dios los bendiga y Nuestra Madre la Virgen Maria los guie en su vida diaria

martes, 30 de agosto de 2011

LA LEYENDA DEL ROSARIO DE PÉTALOS DE ROSAS

Las viejas crónicas de la Orden del Carmen cuentan una historia sencilla y emocionante a la vez.
Erase un Hermano lego, que se llamaba Joaquín; rudo y tosco como un roble de las montañas de Castilla, pero cándido y bueno como un trozo de pan. No tenía letras, ni su cabeza estaba ya en condiciones de aprenderlas, por lo que el Superior le encomendó guardar una punta de ganado que poseía el Monasterio; los demás Hermanos le miraban con compasión, pero Fr. Joaquín estaba muy a su gusto con el oficio, porque el campo le hablaba de Dios en el único lenguaje que él entendía.
Con esto dicho se está que Fr. Joaquín era un lego muy piadoso y bueno. Hasta se llegó a susurrar por el Monasterio que Fr. Joaquín veía a la Virgen en el campo y que Esta le cuidaba el ganado mientras él rezaba, porque en sus muchos años de pastor nunca había extraviado una res, ni el lobo voraz en los crudos días de invierno había hecho presa en ninguna de ellas. La historia no dice si estas visiones tuvieron lugar o no, pero afirma que efectivamente Fr. Joaquín era muy devoto de la Virgen y que todos los días le rezaba su rosario mientras conducía su hato al aprisco acogedor. Esto era para él una obligación sagrada, y nada ni nadie podía estorbar su cumplimiento.
Cierto día se le olvidó el rosario en el Monasterio. ¿Cómo rezar ahora su devoción favorita? El candoroso Hermano tuvo una idea original: a la vera de una ciénaga donde abrevaba el ganado, crecía un juncal; arrancó de un tirón unos juncos verdes y con ellos fue atando unas pedrezuelas de diez en diez que separó con un palito atravesado, y así improvisó un rosario con el que pudo cumplir con su devoción.
La Virgen se lo premió. Porque, cuenta la leyenda que al ir a cerrar su rebaño en el aprisco colgó este original rosario de la rama de un próximo enebro por si le necesitaba al día siguiente. Y cuando con la luz del día se acercó al enebro para descolgar su rosario, halló colgada en él una guirnalda de rosas blancas, separadas de diez en diez por una rosa encarnada.
Era el rosario de Fr. Joaquín.
La noticia se corrió por el Monasterio y se quiso perpetuar este regalo de la Virgen a su fiel devoto convirtiendo las rosas en cuentas de rosario. Esta historia, con sabor de leyenda medieval, es la que ha dado origen al rosario de pétalos de rosa de olor permanente hecho con las rosas más fragantes de Castilla y por procedimientos que se han venido transmitiendo en la Orden de generación en generación; fragantes rosas de Castilla, que el azul intenso de su cielo cobra y el clima duro de su suelo fija como ninguna otra región del mundo, que ahora se tornan oración viva a la más perfumada de las rosas, la Rosa Mística, la gloriosa Virgen María.
PP. Carmelitas de Burgos (España)

viernes, 26 de agosto de 2011

NUESTRA SEÑORA DEL AMOR

Son muchos los que rezan y tienen a María, como madre del Amor. Del amor más bello. Nuestra Señora del amor hermoso. Pues, por su Hijo, y a semejanza suya, ha sido la criatura que, con más y mejor ahínco, ha sabido amar. Jesús amó hasta el extremo más inmenso, hasta dar su vida por nosotros; nos amó hasta la muerte y ésta, de cruz. Y María nos dio, hasta el último momento de su vida, la lección suprema del amor inmolado. El amor es donación y servicio, entrega total. Y así fue su vida, entrega total, regalo e inmolación a los demás.

Es aleccionante ver como hace de su vida un acto de amor continuo; al saber que su pariente Isabel, en su ancianidad, iba a tener un hijo, el Precursor de Aquel que llevaba en su seno, correr presurosa a prestar su ayuda; el Evangelio cuenta que salió muy deprisa, olvidándose de sí misma, en lugar de quedarse ensimismada tras el anuncio del ángel, dando gracias a Dios por su primera comunión, la primera del mundo. Es la primera lección que nos da a sus hijos; centra su enseñanza en que el bien, que hay hacerlo con prontitud, muy deprisa; enseña que Dios quiere amor, no liturgia, que Dios no quiere que los hombres suplamos nuestra carencia de amor con un culto farisaico y engañoso. La vida auténticamente religiosa debe expresarse en la atención cuidadosa a los hombres, pues la norma suprema del hombre, más si es religioso, no puede ser otra que el amor. Un amor sin límites, pues la medida del amor es amar sin medida. Amar a todo el mundo hasta olvidarse de uno mismo. El amor bien entendido comienza por los demás y termina por uno mismo. Amor sin ley, pues la única ley del amor es el amor mismo, hacer siempre lo que el amor demanda, pues obrando bajo el imperativo del amor, no habrá posibilidad de equivocarse nunca, ya que Dios, Grandeza Infinita, es amor, "el amor", y por tanto, cuando nos dejamos llevar por el amor, estamos siendo llevados por Dios.

María, por ese amor, fue llevada siempre. En lealtad absoluta, pues la lealtad pertenece a la esencia del amor. Amor es la palabra que define exactamente toda su realidad, todo su ser. La que más ha amado a Dios y a los hombres. La más amada por Dios; la eternamente amada en el Amado. La criatura que debe ser más amada por los hijos y las hijas del Amado. Ella enseña que la vida humana ni puede ni debe ser otra cosa que una relación de amor. Como relata el Cantar de los Cantares, el más bello cantar entre todos, el único, porque es un canto al amor, en el que la esposa -que somos todos nosotros-, de amor enloquecida, va tejiendo y destejiendo, trenzando y destrenzando el embriagante y maravilloso juego del amor con su esposo querido, que es el Amoroso Padre Celestial. Nada hay más fuerte que el amor, fuerte como la misma muerte, impulso radical que emerge irresistiblemente de la esencia profunda de nuestro ser sin que haya poder humano capaz de detenerlo. Porque, además, querer estrangularlo o detenerlo es atentar gravemente contra el derecho más fundamental del hombre, el derecho al amor. El hombre ha sido hecho para amar y para ser amado, en su esencia dada por Dios.

Hemos de amar a Dios, como lo amó la Señora del Amor, con todas las fuerzas del alma, y, con esas mismas fuerzas, tenemos que amar a todos los hombres. Ahí está la gran doctrina cristiana, una idolatría del hombre, pues de los hombres hace dioses; si no amamos a los hombres que vemos, no podemos amar a Dios al que no vemos. Sólo existe un mandamiento, el del amor; la señal inequívoca de que somos cristianos es que nos amamos los unos a los otros; al final de la vida nos van a examinar de amor, sólo de amor; por tanto, no vale la pena vivir, si no es amando, vivir para amar, pera estar continuamente en el amor; hay que hacer de todos los seres huma­nos una comunidad de amor; los cristianos son los locos de amor, se han entregado al amor, confían en el amor, se han confiado al amor. Por eso hemos adquirido el mayor compromiso, pues nada es capaz de comprometer como el amor. El amor lo sufre todo, lo aguanta todo, lo tolera todo, todo lo justifica en el amado. Si no tengo amor, no valgo absolutamente para nada, no soy nada; soy un ser sin sentido, címbalo que resuena.

A Dios no hay que temerlo, hay que amarlo; en el amor no puede haber temor y el que teme, no es perfecto en el amor. Dios es un padre amoroso que nos quiere con amores infinitos, al que nosotros debemos amar con la casi infinita capacidad de amor que Él nos ha regalado graciosamente por su simple amor, no por el nuestro que no necesita, pero lo quiere y nos lo tiene.

Te pedimos, Señora, que el amor nos penetre hasta el fondo del alma; que el Espíritu Santo, el amor substancial, el amor hecho persona, toque nuestro corazón con su palabra única: el amor. De este modo, podremos ir por el mundo sembrando de amor todos los caminos, para acabar con tantas malquerencias, tantos odios, tantas rivalidades y tantas incomprensiones, con el deseo incontenido de que formemos todos, como los primeros cristianos, una comunidad con un mismo corazón y unos mismos sentimien­tos. Ese amor que inunda y embriaga; que es paciente, que es servicial, que no se irrita ni se engríe. Ruega por nosotros para que vivamos el amor; la caridad que no pasa jamás. La caridad es eterna.

sábado, 20 de agosto de 2011

DEVOCION DE LAS TRES AVEMARIAS

¿Existe alguna piadosa revelación que confirme esta devoción?

Sí, una; que por ser muy consoladora, voy a transcribir en toda su extensión:
"Declaró el Señor a Santa Gertrudis que cuantas veces reza un cristiano el Avemaría, otras tantas brotan del seno del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo tres impetuosos arroyuelos que van a penetrar suavemente en el corazón de la Santísima Virgen. Luego, saliendo de este mismo corazón, van a buscar su origen, y estrellándose al pie del trono de Dios, cual ola embravecida contra una roca, déjanla poderosísima, según el Padre, sapientísima, según el Hijo, y llena de amor y misericordia, según el Espíritu Santo.

Mientras uno está diciendo el Avemaría corren estos arroyuelos con grande impetuosidad alrededor de la Santísima Virgen inundándola, y vuelven a precipitarse enseguida sobre su Corazón santísimo. Con maravillosa precipitación van a buscar primeramente su origen y, retrocediendo después, se resuelven en gotas brillantes de gozo, dicha y salvación eterna, y caen cual lluvia benéfica sobre los Angeles y Santos y sobre los que recitan entonces la salutación angélica; y de este modo llegan a renovarse cada uno todos los bienes que recibiera por medio de la Redención". (P. Faber: .Todo por Jesús, cap. IV.)
También quiero apuntar aquí otra no menos interesante.

Como Santa Matilde suplicase a la Santísima Virgen que la asistiera en la hora de la muerte, oyó que la benignísima Señora le decía: "Sí que lo haré; pero quiero que por tu parte me reces diariamente tres Avemarías. La primera, pidiendo que así como Dios Padre me encumbró a un trono de gloria sin igual, haciéndome la más poderosa en el cielo y en la tierra, así también yo te asista en la tierra para fortificarte y apartar de ti toda potestad enemiga. Por la segunda Avemaría me pedirás que así como el Hijo de Dios me llenó de sabiduría, en tal extremo que tengo más conocimiento de la Santísima Trinidad que todos los Santos, así te asista yo en el trance de la muerte para llenar tu alma de las luces de la fe y de la verdadera sabiduría, para que no la oscurezcan las tinieblas del error e ignorancia. Por la tercera, pedirás que así como el Espíritu Santo me ha llenado de las dulzuras de su amor, y me ha hecho tan amable que después de Dios soy la más dulce y misericordiosa, así yo te asista en la muerte llenando tu alma de tal suavidad de amor divino, que toda pena y amargura de muerte se cambie para ti en delicias."

También se cuenta de Santa Gertrudis que mientras cantaba una vez los maitines con sus hermanas en la fiesta de la Anunciación, vio de pronto en figuras sensibles a las Tres Personas de la Santísima Trinidad, y que del corazón que cada una de ellas parecía tener, salía un rayo que penetraba en el corazón de la Bienaventurada Virgen María. Luego oyó una voz que decía: "Después del Poder del Padre, de la Sabiduría del Hijo y de la Misericordia del Espíritu Santo, nada hay comparable al Poder, a la Sabiduría y a la Misericordia de María."
Bien autorizada queda esta devoción por las revelaciones y el ejemplo de gran número de Santos que desde muy antiguo la vienen usando, seguros de que prestaban un grato servicio a la Virgen rezando las Tres Avemarías para honrar su Poder, su Sabiduría y su Misericordia.
A mayor abundamiento, los Sumos Pontífices, tan devotos de Nuestra Señora, han autorizado con su ejemplo esta devoción y la han recomendado a los fieles en la forma acostumbrada. Pío IX comenzó a rezar las tres Avemarías después de la Misa en su Capilla del Vaticano; León XIII mandó que se extendiese esta práctica a toda la Iglesia. Además, concedió doscientos días de indulgencias a todos los que rezasen las tres Avemarías y añadiesen esta jaculatoria: "Madre mía, libradme en este dia (o en esta noche) de pecado mortal". Pío X concedió trescientos días de indulgencias a los que rezaren las tres Avemarías con esta otra jaculatoria: 

"¡Oh María!, por vuestra Inmaculada Concepción, purificad mi cuerpo y santificad mi alma."
Añadamos para completar lo que venimos diciendo la autoridad de un teólogo tan santo y esclarecido como San Alfonso María de Ligorio, que ensalza y recomiendo de la manera más eficaz, y a cada paso, en sus escritos la devoción de las Tres Avemarías; y el ejemplo de un apóstol tan celoso de la salvación de las almas como San Leonardo de Puerto Mauricio, que predicaba constantemente las excelencias de esta piadosa práctica, y no se cansaba de recomendaría a los confesores para que éstos la inculcasen en sus penitentes como remedio eficaz contra los vicios, señaladamente contra la impureza.

¿En qué consiste la devoción de las Tres Avemarías?
En rezar tres veces el Avemaría a la Santísima Virgen, Madre de Dios y Señora nuestra, bien para honrarla, bien para alcanzar algún favor por su mediación.
[Emblema de María]
¿Cuál es el fin especial de esta devoción?
Honrar tres principales atributos de María Santísima, a saber: el poder que le otorgó Dios Padre, por ser su Hija predilecta; la sabiduría de que la adornó Dios Hijo, al elegirla por su Madre; y la misericordia de que la llenó Dios Espíritu Santo, al escogerla por su inmaculada Esposa.
[Emblema de María]
¿Y cuál es el fundamento de esta devoción?
La afirmación católica de que la Santísima Virgen poseyó, en el más alto grado posible a una criatura, los atributos de poder, sabiduría y misericordia.
Esto enseña la Iglesia al invocar a María como Virgen Poderosa, Madre de Misericordia y Trono de Sabiduría.
[Emblema de María]
¿En qué consiste la Novena de las Tres Avemarías?
En rezar tres veces el Avemaría durante nueve días. Como hemos indicado en su lugar, la Santísima Virgen prometió a Santa Matilde asistirla en la hora de la muerte si rezaba cada día en su honor tres Avemarías para celebrar los atributos de Poder, Sabiduría y Misericordia con que la enriqueció la Beatísirna Trinidad.
Mas los devotos de María, entendiendo con esto cuán de su agrado es este obsequio, juzgaron que repitiéndolo durante nueve días, quizás alcanzarían para sus necesidades el eficaz socorro de su poderosa intercesión. Este es el origen de la Novena eficaz de las Tres Avemarías.
Esas Tres Avemarías son como otras tantas aldabadas que damos a las puertas del misericordioso y compasivo corazón de Nuestra Señora; son como tres aclamaciones angustiosas con que el alma implora su Poder, Sabiduría y Misericordia para el remedio de las múltiples necesidades que la aquejan.
Cuán del agrado de Nuestra Señora sea este piadoso ejercicio, dicenlo muy elocuentemente los muchos y diversos favores, tanto espirituales como materiales, que cuentan haber alcanzado por semejante práctica las personas que se han servido de ella para implorar la protección de la Santísima Virgen.
Pero lo más consolador son los beneficios espirituales que dispensa la Santísima Virgen por medio de esta Novena. Diríamos que esa bendita devoción es el anzuelo con que María Santísima pesca innumerables almas para el cielo; muchas, ciertamente, serán deudoras de su eterna felicidad en la gloria a la eficacia de esa devota práctica.
Conversiones extraordinarias de pecadores moribundos que se logró recibieran los últimos Sacramentos, a lo que se resistían; jóvenes extraviados, devueltos al camino del bien y al hogar, de donde los había arrancado la perversión; niatrimnonios que han recuperado el tesoro de la paz y unión, que hacia tiempo habían perdido; almas atormentadas por los escrúpulos y otras penas interiores, que recobraron la paz de conciencia y el sosiego de su espíritu; en fin, devoto lector, que esta Novena parece la panacea de todos los males, así del cuerpo como del alma.
Si quieres convencerte de ello, pruébalo; haz una Novena o varias para el remedio de tus necesidades o las de tu familia; pero hazla con fe y confianza, y purifica tu alma con una buena confesión; acude en los trances apurados a este piadoso ejercicio, y no dudo de que experimentarás su eficacia y encontrarás hartos motivos para ser devoto de la Madre de Dios y admirarte de su benignidad, que a cambio de tan corto servicio tan regaladas mercedes dispensa al que se lo hace.

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